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Historia

Antecedentes de la profesión

En 1905, en la Ciudad de México, el Instituto Politécnico Nacional crea la Escuela Superior de Comercio y Administración (ESCA), estableciendo la carrera de “Contador de Comercio”, siendo el primer egresado de la ESCA don Fernando Diez Barroso, quien se gradúa el 25 de Mayo de 1907 obteniendo el Diploma correspondiente que lo acreditaba como “Contador de Comercio”, expedido por la Secretaria de Instrucción Pública. Posteriormente, este acontecimiento y fecha serían reconocidos por la profesión como origen de la Contaduría Pública en México, en honor a tan distinguido maestro.

Se haría el reconocimiento oficial de la profesión de Contador Público en nuestro país, por la Secretaría de Educación Pública, con la expedición del primer Título como tal, por Revalidación del Diploma de Contador de Comercio, el 20 de diciembre de 1925, al maestro Díaz Barroso. No es sino hasta 1929 cuando la profesión adquiere rango universitario, al establecer la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la carrera de Contador Público, creándose para tal efecto en dicha Casa de Estudios, la “Facultad de Comercio y Administración” (FCA).

En provincia, las primeras universidades que incorporarían la carrera de Contaduría Pública serían la Universidad de Guadalajara y la Autónoma de Guadalajara e 1925, la de San Luis Potosí en 1938, el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey en 1943, la Universidad de Sonora en 1944, y en 1947 la Universidad de Benito Juárez, en Oaxaca. La Universidad Autónoma de Nuevo León, crea la Facultad de Comercio y Administración a partir de 1952.

Desarrollo de la profesión en Monterrey

El primer Contador Público que se establece en Monterrey fue Don Ramón Cárdenas Coronado, que había recibido su Título Profesional expedido por la UNAM en 1935, abriendo su despacho profesional en Monterrey en 1938. Posteriormente se instalan los Contadores Públicos, también regiomontanos que habían hecho sus estudios en la ciudad de México, Tomás Escamilla Márquez en 1941 y Julio R.de la Garza en 1942.

Un acontecimiento muy importante que vino a impulsar la carrera profesional de Contaduría Pública, fue sin duda el inicio de actividades del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), a partir de 1943, al implantarse entre otras carreras, la de Contaduría Pública y para lo cual requirió contratar maestros con experiencia y capacidad, que impartieran las materias contables que comprendían el plan de estudios. Esto trajo como consecuencia que varios colegas de la Ciudad de México se trasladaran a Monterrey contratados por el ITESM y muchos fijaran su residencia definitiva en esta ciudad.

Para fines de 1947, ya residían en Monterrey 10 Contadores Públicos: Reynaldo Abril Coburn, Rafael Alonso y Prieto, René Arredondo Cepeda, Ramón Cárdenas Coronado, Julio R. de la Garza, Raymundo Garza González, Héctor Garza Madero, Joaquín Gómez Morfín, Enrique Gossler Isla y Pedro Serrano Ramírez.

Creación del Instituto de Contadores Públicos de Nuevo León, A.C.

Los 10 Contadores Públicos de quienes se ha hecho mención, empezaron a reunirse desde fines de 1947 con el objeto de formar una agrupación profesional, y fue un año después, el 14 de diciembre de 1948, cuando se constituyó en forma definitiva, agregándose como asociados fundadores adicionales a los ya citados, Tomás Escamilla Márquez, Alejandro González Barrientos y Teodoro Hernández Sánchez. De los 13 asociados fundadores señalados, solamente seis de ellos eran regiomontanos.

En su origen, esta agrupación profesional se denominó “Instituto de Contadores Públicos de Monterrey, A.C.”, siendo el primero que se organizó fuera de la Capital de la República, donde ya existía el Instituto de Contadores Públicos Titulados de México, que había sido fundado desde el 6 de octubre de 1923. Uno de los objetivos que perseguía el grupo Monterrey, era lograr su afiliación al Instituto de México. Sin embargo, de acuerdo a lo previsto en los estatutos de esta última asociación, no era posible llevar a cabo los propósitos señalados.

Considerando lo anterior, la Comisión organizadora del Instituto de Monterrey, se había dirigido desde 1947 al Instituto de México, haciéndoles ver la conveniencia de que los profesionistas de la Contaduría Pública se agruparan a nivel nacional, destacando expresamente los siguientes puntos: Que se fundara y transformara el Instituto de México en una asociación de carácter verdaderamente nacional, con asiento en la ciudad de México y con una reglamentación especial que abarcara todos los problemas y normas de carácter general, comunes a todos los contadores públicos titulados de la República.

No es sino hasta 1955 que el Instituto de Contadores Públicos de México modifica sus estatutos, cambiando su nombre al de Instituto Mexicano de Contadores Públicos, A.C., y admitiendo el establecimiento de Asociaciones Afiliadas. En 1959 se emite un decreto creando la Auditoría Fiscal Federal, en el cual se estableció como un requisito de inscripción para los Contadores Públicos que desearan hacer uso de la facultad para dictaminar los estados financieros de las empresas para efectos fiscales, que deberían estar afiliados a un Colegio Profesional, lo cual vino a promover más la formación de colegios profesionales en el País.

El 18 de abril de 1961, se transforma el “Instituto de Contadores Públicos de Monterrey”, surgiendo el actual “Instituto de Contadores Públicos de Nuevo León”. La importante participación de nuestro Instituto en el proceso de lograr la unificación de la profesión a nivel nacional, se consolida finalmente en enero de 1977, cuando la Dirección General de Profesiones, reconoce al Instituto Mexicano como Federación de Colegios de Profesionistas.

Lejos han quedado las acciones realizadas por aquellos 13 fundadores que conjuntaron sus esfuerzos en un claro compromiso de buscar la unidad del gremio y su mejoramiento profesional. Quienes les han sucedido para guiar los destinos del Instituto, a través de los sesenta años que han transcurrido, también han hecho su aporte con entusiasmo y tesón, para lograr la consolidación del Instituto, destacándose como una asociación en que se ha procurado la unión de sus miembros y su capacitación profesional. El esfuerzo, entusiasmo y tesón de aquellos 13 fundadores, ha dado sus frutos. El Instituto es ahora un organismo profesional ampliamente reconocido en la comunidad y el segundo en membrecía, después del de la ciudad de México, contando además con amplias y modernas instalaciones propias, que le permiten brindar a la membrecía mejores servicios. 

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